Dichosa soledad, monte sagrado,
Sosegada mansión de la grandeza:
En ti vivo gustoso y descuidado;
Aquí me sirves con mayor riqueza…
Torres Villarroel
Sosegada mansión de la grandeza:
En ti vivo gustoso y descuidado;
Aquí me sirves con mayor riqueza…
Torres Villarroel
Vivir en Lima metropolitana demasiado tiempo hace que nuestra mente, pronto, se sienta atiborrada y evoque sólo lugares en la que construcciones artificiales, paneles publicitarios, el moho de los autos predominen sobre la espontaneidad del verdor de los campos y los cielos azules.
Esta sensación de espanto se pudo mostrar por la mayoría de los más de sesenta estudiantes de Derecho de una universidad nacional capitalita.
La idea de salir de esta Lima (la horrible, como la llamaría Salazar Bondy) era para muchos reconfortante. Aunque la intención era conocer los lugares recónditos de la ciudad capital, también era poner a prueba el adagio popular que reza “no se ama el Perú sino se conoce”. Y vaya que calzaría a la perfección el dicho en este viaje.
Rumbo a Canta y Obrajillo
7 y 30 de la mañana, las incomodidades y reacciones no se hicieron esperar y los estudiantes las hicieron saber ya que la hora de partida hacia Canta y Obrajillo, ubicada al norte de la ciudad de Lima, había sido consignada para las seis de mañana.
Sobre esta situación las frases peruanísimas (como “hora cabana”, “se dice una hora pero se parte una hora después”, “no se partirá a la hora fijada, es clásico en el Perú”, “la hora con demora”) no se hicieron esperar. De esta manera, se ponía en el tapete la impuntualidad arraigada en nuestra identidad por más campaña que se haga por el gobierno actual.
Luego del impasse con el tiempo, el movimiento del motor del bus que nos hacía temblar de cuerpo entero nos presagiaba la pronta partida desde la avenida Nicolás de Piérola (ex La Colmena). Lugar donde está ubicada la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Federico Villarreal.
Desde la partida, las voces chillonas de los jóvenes estudiantes comenzaron a sentirse mostrando su espíritu desordenado y, de una manera, aplacaban el estruendo de las bocinas desesperantes de las combis y micros que circulaban a largo de la avenida Túpac Amaru. Habíamos elegido esta autopista para insertarnos en la sierra limeña. Era la más recomendada.
Asimismo, el imponente esfuerzo que hacían las voces de las profesionales de Turismo ayudaban, cada cierto tiempo, a olvidarnos del bullicio y a conocer un poco más de la historia de los distritos que salían al paso a esta vía, considerada una de las más importantes de la ciudad capital.
Ellas trataban de que la información llegara a cada uno de los estudiantes que no hacían más que brindarles escasa atención. Uno que otro lanzaba una pregunta que más por querer conocer y saber, lo hacía o por incomodar a las jovencitas o por querer lucirse ante el auditorio andante.
Nuestro recorrido, según nos informaban, constaría de tres paradas a lo largo del recorrido hasta llegar a Obrajillo.
Caballero, perdiste
Aunque el fulgor del Sol no se percibía, la hacienda Caballero parecía que nos esperaba con ansias para denunciar su estado de abandono.
Contrafuertes sostienen a esta casa arquitectónica. “Este edificio es uno de los mejores ejemplos de casa-hacienda del valle del río Chillón”, informaban las profesionales de Turismo. “Debido al poder económico de sus propietarios se construyó una casa señorial en una zona propicia para dominar con la vista toda la propiedad de la hacienda”, agregaron.
Este edificio está construido al borde del camino a Canta, pegado a un cerro, el cual fue aprovechado por su pendiente para la construcción de los muros de contención apoyados en contrafuertes. La casa se divide en dos sectores. La primera es la residencia misma que adyacente a ella está una capilla familiar; en el segundo nivel tiene diversas habitaciones como la sala, los dormitorios y servicios.
En su tiempo, esta casa-hacienda fue la más resaltante. Hoy, ese galardón es desestimado por nosotros. A pesar de que esta construcción, de más de 2000 m2, fue declarada por nuestro Estado, a través de Instituto Nacional de Cultura, como patrimonio monumental de la nación el 23 de julio de 1980, no es apreciada ni conservaba como tal.
La dejadez de dicha institución compartida con la desvalorización de los moradores ha hecho que este terreno -que forma parte de nuestro pasado histórico- se convierta en un reciclador de basura y refugio de personas de mal vivir.
Petroglifos en Checta
Al igual que en Extremadura (España) y en Toquepala (Perú) hubo hombres que representaron su cosmovisión en las paredes de su refugio, en Checta también los hubo. Los numerosos petroglifos son la prueba fehaciente de ello y se encuentran bajo la atenta mirada del Sol resplandeciente.
El pueblito de Checta está ubicado en el kilómetro 60 de la carretera a Canta a unos 1000 m.s.n.m, antes del pueblo de Santa Rosa de Quives; más señas, a mitad de camino entre Lima y Canta.
Según los estudiosos, los petroglifos que se encuentran aquí forman un conjunto de unas 450 figuras talladas en piedra. Se dice además que fueron descubiertos en 1625 por Pedro Villar Córdoba y se calcula que tienen 1500 años de antigüedad.
Los petroglifos representan animales, mapas astrales, especies de flora, antropomorfos, abstractos geométricos y seres fantásticos.
La santa limeña
Más adelante, el santuario de Santa Rosa de Quives sintió la energía de los futuros abogados. Aunque no fue una monja que vestía el hábito como si lo fuera, igual centenares de creyentes recurren a su casa, convertida hoy en un centro de adoración, todos los 30 de agosto de cada año.
Este monumento es considerado patrimonio histórico-religioso. En la casa que ocupara la santa limeña desde 1596 hasta 1603 se encuentran una iglesia parroquial, la piedra de oración, la ermita y la capilla donde la santa se confirmó en manos de otro santo (Toribio de Mogrovejo) cuando tenía aún 11 años.
El santuario se encuentra ubicado en el distrito del mismo nombre. En el margen izquierdo se puede observar, con mayor notoriedad, la ribera del río Chillón. Los más de 900 metros de altura hacen más apacible el ambiente fresco de la zona.
En Canta y Obrajillo
Luego de visitar el santuario de Rosa continuamos el viaje rumbo a Obrajillo. Las llantas de los buses comenzaron a lidiar nuevamente con el camino áspero y estrecho que nos ayudaba a escapar de las fauces de los inmensos abismos. Había que seguir surcando los caminos circulares y serpentinos.
Por los vidrios se podían apreciar las quebradas, su verdor y su neblina. Abajo, en dirección contraria, las apuradas aguas del río Chillón. El ambiente en el bus era un silencio mineral. Fueron solo unos 20 minutos y ya podíamos divisar las casitas con techos de calaminas.
Llegamos a Canta.
Lo primero que escuchamos era la oferta de las combis para llevarnos rápidamente, en tan solo 15 minutos, hasta Obrajillo. Sin embargo, ya teníamos quien nos llevara.
“Amigos, pueden pasear en caballo”,”de los platos, tenemos trucha a la parrilla”, fueron las primeras voces que se filtraban por las ventanas del bus y que nos daban a conocer que ya estábamos pisando tierra de Obrajillo.
Efectivamente, ya estábamos ahí. Era el lugar preciso, primero, para alimentarnos después de un largo recorrido por las cumbres de la sierra limeña. Además, el paisaje se prestaba para poder alimentarnos y poder apreciar con tranquilidad el brillo abrasador del Sol, los cerros con su imponencia, las aguas cristalinas y heladas del río. Por nuestros cuerpos corría un aire fresco.
Todo listo para degustar las truchas de Obrajillo.
Sí, efectivamente, ahora no es necesario ir hasta Ingenio (Huancayo) para deleitarnos con exquisitas truchas. En este pueblito encantador y acogedor también las hay y deliciosas.
Sus pobladores están localizados en el kilómetro104 al este de Lima capital a unos 2800 msnm. Las cataratas son bien apreciadas por los visitantes al lugar. Aunque en Obrajillo ya se puede apreciar la “modernidad” aún sus atractivos coloniales abundan. Los balcones y las casas virreinales aún se imponen.
Cinco de la tarde y los rayos del Sol se hacía cada vez menos perceptibles, el aire se sentía más denso y las campiñas se quedaban nuevamente sin la presencia humana para seguir conservando su beldad.
El tiempo quedó corto para seguir deleitándonos con el apacible, acogedor y extraordinario ambiente de Obrajillo y Canta.
Era señal de que debíamos regresar.
El bullicio de Lima capital nos esperaba nuevamente. Pero en cada uno de nuestros rostros se percibía el optimismo de regresar y seguir en la lucha ardua por un bienestar. Bienestar que nos permita tener muy en cuenta que existen pueblitos que encantan.
Los buses ya están en marcha y los abismo, camuflados por la neblina, se aprestan para acogernos en cualquier momento cuando el descuido del conductor se haga notorio.

Sin lugar a dudas, las veces que he frecuentado el mencionado lugar es para escaparme del mundo y más aún de la dichosa Lima Metropolitana..que como bien dices los que concurrimos este lugar estamos hastiados de ella. Y sí, al concluir del día uno quisiera que ese encantamiento que te dejo aquella bella experiencia no fenezca en el recuerdo..
ResponderEliminarAsi es pues amigo, una ya esta cansada de esta Lima "la horrible" (para mi). Las pocas veces que he logrado salir de ella, me he quedado maravillada con lo hermoso de nuestra tierra, a la vez ello me hacia reflexionar sobre lo que estamos haciendo cada uno de nosotros para poder conservarla.
ResponderEliminarchanconicisimo..!!! tienes mucha razon, si que si, escapar de la urbe..y tal vez respirar un poco de aire fresco...engreir por unos momentos a nuestros pulmones...
ResponderEliminarAl leer esta entrada remueves mi cerebro..-recuerdos- y vuelvo a vivir aquellos momentos de cachimba cuando tmb viaje a Canta q encanta, pero claro no estaba tan culturizada como tu..jejeje
Ya t imaginarás como me senti al escapar a la Sierra central...específicamente el Valle del Mantaro...más específica aún, Huancayo y alrededores...aire fresco, paisajes indescriptibles, lluvia refrescante, un cielo límpido por el día y estrellado por las noches...aaaaaaaaaaaaa...modernidad moderada, encanto de lugar, paraíso terrenal, habla! cuando vamo??? :D
ResponderEliminarBueno...ahora nuevamente a la capital, Lima la horrible con sus cerros poblados, su coro de bocinas, su cielo contaminado, sus imponentes edificios y comercio por doquier...puaj! Bienvenidos todos!